La conferencia climática de la ONU celebra su edición número 27 durante estos días en Egipto. Desde el pasado 6 de noviembre hasta el próximo día 18 del mismo mes, los principales líderes del mundo se reúnen en la COP27 para dar respuesta a las cuestiones climáticas que preocupan al mundo.
En un contexto difícil en el que la guerra de Ucrania mantiene la atención internacional, la seguridad energética, las tensiones geopolíticas y el debilitamiento de las economías son cuestiones que no quedan al margen. El cambio climático continúa manteniendo su puesto en las primeras posiciones de las preocupaciones de los Gobiernos mundiales.
Aunque las inversiones en energías renovables están subiendo, según la ONU, las emisiones van camino de incrementarse un 11% sobre los compromisos de reducción vigentes. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la demanda mundial de carbón volverá a alcanzar su máximo histórico en 2022. Esto significa que las emisiones de carbono aún no han alcanzado su punto máximo, lo que contrasta con lo acordado en la COP26 y en cumbres anteriores.
En la COP26 se acordó planificar explícitamente la reducción del uso del carbón, el combustible fósil más intensivo en carbono. Sin embargo, la crisis energética actual está favoreciendo la vuelta al carbón porque representa una opción más barata que el gas, que se está incrementando por el conflicto entre Ucrania y Rusia.
Schoders señala que, aunque el aumento de los precios del carbono es necesario para incentivar el abandono de los combustibles fósiles y la descarbonización de la economía mundial, el momento actual no es óptimo ya que la inflación se dispara en todo el mundo y el suministro energético se ve reducido por las tensiones geopolíticas. Las prioridades de los países han cambiado desde la COP26 y el aumento de los precios del carbono no está en consonancia con sus preocupaciones sobre la seguridad energética y la asequibilidad.