Los bonos gubernamentales de mercados emergentes son una clase de activo relativamente interesante, sobre todo la variedad en divisas locales, exponen desde Aberdeen. Mientras que las rentabilidades de los bonos de mercados desarrollados oscilan entre el 1% y el 4%, las de sus equivalentes de mercados emergentes ofrecen una media del 6%. En muchos casos, las economías emergentes están inmersas en una recuperación, y las perspectivas son buenas debido al sólido crecimiento, una inflación controlada y los bajos niveles de deuda. Las divisas están, de media, cerca de su valor razonable, lo que significa que hay un menor riesgo cambiario a largo plazo. Los mercados emergentes aportan una diversificación mejorada dentro de una cartera invertida en bonos de mercados desarrollados, porque responden de manera diferente a ciertos riesgos; por ejemplo, no les afectan tanto las decisiones sobre los tipos de interés que toman los bancos centrales de los mercados desarrollados.
Los títulos respaldados por activos (ABS) también se perfilan interesantes cuando se comparan con los bonos corporativos convencionales. Además de beneficiarse de unos tipos vapriables como los préstamos, también suelen tener unos diferenciales más amplios para el mismo nivel de calidad crediticia. En mezzanine, los diferenciales de los ABS con calificación BB son dos puntos porcentuales más altos que los de los bonos de alta rentabilidad con rating BB. Además de ofrecer una diversificación mejorada de la cartera, los ABS con calificación BB exhiben una atractiva rentabilidad del 5% de media, lo que refleja la compensación por la mayor complejidad y más limitada liquidez de este sector.
Optar por lo real
Los mercados privados y los activos reales ofrecen opciones adicionales. Los activos reales dan la oportunidad de invertir en un variado abanico de activos que generan liquidez, como la energía, la minería, las tierras de cultivo y los terrenos madereros. Estos activos se denominan “reales” porque, a diferencia de muchos activos “financieros” de bonos y acciones, los flujos de efectivo surgen de la propiedad de un activo físico real que suele comprender suelo. Las rentabilidades tienden a estar correlacionadas positivamente con la inflación, lo que las convierte en buenas coberturas frente a esta. Al mismo tiempo, muchos activos reales tienen una correlación baja o negativa con las acciones, lo que les convierte en atractivos elementos de diversificación. Los terrenos madereros y de cultivo han ofrecido una rentabilidad especialmente buena durante recesiones económicas. A su vez, los activos reales suelen ser a largo plazo e ilíquidos, con la probabilidad de tener un horizonte temporal de inversión de más de 10 años.
Los mercados privados son otra alternativa interesante. Dado que la proporción de empresas privadas respecto a públicas ha estado aumentando de forma constante, el acceso a la creación de valor y al crecimiento a través de los mercados privados también se ha expandido. Esta tendencia parece continuar, ya que las empresas privadas en manos de gestores de capital riesgo (private equity) con frecuencia conservan su carácter privado durante más tiempo. Las compañías tecnológicas start-up requieren muy poca financiación de la deuda y pueden convertirse en empresas muy grandes. Esto ha resultado en el aumento del número de unicornios: compañías con un valor de 1.000 millones de dólares sin necesidad de salir a cotizar en bolsa. Los mercados privados suelen ofrecer rentabilidades más altas que los activos cotizados públicamente porque los inversores reciben una prima de iliquidez para compensarles por perder la capacidad de retirar su capital con escaso aviso previo.