"El interés en las deudas crece sin lluvias" proverbio yidis.
Este proverbio explica gran parte de lo que se está viviendo en los círculos políticos estos días. Hemos llegado al Episodio VI del "Alargar y Disimular": promesas de mejoras entre niveles de deuda cada vez mayores.
En resumen, seguimos funcionando con el mismo guión trillado que se nos presentó hace cinco años cuando los mercados se estabilizaron tras la crisis financiera: mantener tipos de interés lo suficientemente bajos para afrontar la carga de deuda. Simular pues que contamos con una plan viable sin abordar en ningún caso el problema estructural y así sencillamente ganar tiempo. Pero aunque ya hace muchísimo tiempo que podíamos haber acabado con este tema, ahora la dinámica está cambiando ya que el riesgo de baja inflación (e incluso de deflación) es un muro de ladrillo para la idea de alargar y disimular. Sí, el interés crece sin lluvias y el coste de mantener y de afrontar la deuda crece particularmente rápido en un sistema deflacionista.
Mads Koefoed, macroeconomista de Saxo Bank, sitúa el crecimiento estadounidense en torno al 2% para 2014. Estamos ante el sexto año en que el crecimiento estadounidense ronda el 2%. Por tanto, a pesar de que el desempleo es menor y de la escalada récord del S&P500, la economía tiene dificultades para superar el nivel del 2%. Es complicado tomarse en serio los comentarios sobre subida de tipos a la vista de que el crecimiento en EE.UU. no progresa y de que el crecimiento a escala global se sitúa muy por debajo de las previsiones de enero o incluso del mes de julio. Parece que ya nadie se acuerda de que incluso EE.UU. es parte de la economía global.
El cuarto trimestre siempre es la época del año más interesante desde una perspectiva política. Todos los países tienen que elaborar nuevos presupuestos. La UE, el FMI y el Banco Mundial van a tener que fingir que aceptan el empeoramiento de los datos, que se traduce en mayores déficits. Es agotador ser testigo del rechazo a la acción mientras los gobiernos de la UE y otras autoridades políticas quitan importancia en sus informes internos a una situación obviamente difícil de aceptar. No cabe duda de que ganar tiempo (alargar) es en todos los casos la prioridad número uno, seguida de vaticinar (fingir) que, en adelante, el crecimiento va a dibujar una trayectoria si cabe de mayor altura con vistas a que el presupuesto encaje con las obligaciones teóricas. O, en el caso de Francia, el abandono en bloque que recientemente hemos visto de las metas presupuestarias acordadas para los próximos dos años ya es un fait accompli.