95 millones de egipcios han visto como su país sufría las turbulencias de dos revoluciones durante esta década. Antes de eso, el crecimiento económico marcaba ritmos superiores al 5% del PIB, en el 7,2% en 2008, y en el 5,1% en 2010, la última gran tasa de mejora que gozó el único país africano que limita por tierra con Asia.
La inestabilidad siempre está presente en esa zona del mundo, algo que se acrecentó a partir de 2011, cuando comenzó la primera revolución en Egipto, a la que siguió un periodo convulso que se extendió hasta 2013. La traducción económica de esos sucesos fue la reducción del crecimiento al 1,8% del PIB en 2011, desde una tasa anual en 2010 del 5,1%, según las cifras del Banco Mundial.
“Egipto es uno de los pocos estados en Oriente Próximo que mantiene buenas relaciones con EEUU, Rusia y China, las principales potencias mundiales”. Es lo que afirma Omar Afailal, director de la oficina de representación de CaixaBank en Egipto. Así, en lo que respecta a Europa, la UE se sitúa como el principal socio comercial, mientras que España facturó 1.265 millones de euros en ventas a Egipto, mientras que las importaciones sumaron 1.132 millones de euros. Puede que esa sea una de las causas que invitan al optimismo con respecto a la economía egipcia
De hecho, durante el último año Egipto se expandió un 4,2%, mientras que, según el Banco Mundial, crecerá un 5% en 2018, y se espera que para 2020 la tasa se eleve cerca del 6% (5,8%). No obstante, la tercera economía africana, por detrás de Nigeria y Sudáfrica, tiene un PIB per cápita que es el 135 en el mundo, a diferencia de su PIB, que se encuentra en el puesto número 46.
Es un dato que revela el reto del aumento de la población en un país que en 2017 habitaron 4,5 millones de personas más que en el año anterior. En perspectiva, Egipto ha vivido un crecimiento de la población de cerca de 17 millones de personas desde 2010, desde los 78,7 millones, hasta rozar los 95 millones a finales de 2017.