Entrevista al economista Miguel Córdoba, por su libro "La democracia imperfecta: La Simbiosis entre Economía y Política en el Siglo XXI"
¿Qué papel juega la economía dentro de una democracia?
Probablemente, no existiría la democracia si no se hubiera dado una solución racional a las aportaciones y usos del dinero público y a la justicia social representada por unos impuestos progresivos sobre los ciudadanos. La ley más importante de un país es la de los Presupuestos Generales del Estado, pues es allí donde se fija lo que se ingresa, lo que se gasta y lo que se invierte. Desde el momento en que los ciudadanos asumen un modelo democrático, los dirigentes del país tienen que atenerse a lo aprobado en la ley de presupuestos y deben rendir cuentas de cómo y cuándo lo han gastado.
La economía es algo así como la savia del árbol de la democracia, que riega desde las raíces hasta el tronco y las ramas del mismo, para que pueda seguir subsistiendo.
¿Una mala evolución de la economía podría derivar en problemas para la democracia?
Seguro. Si la economía va mal es que se produce menos de lo que se debiera, se gasta más de lo que se debe y el país se endeuda más de lo que se puede permitir. A partir de ahí se genera el caldo de cultivo para golpes de estado, nacionalismos, populismos, etc., que se nutren de la mala situación económica de los ciudadanos.
La democracia es el escudo que tienen estos para conseguir una justicia social que luche contra las desigualdades injustas y que permita a los ciudadanos que puedan mejorar su nivel socio-económico en base a su esfuerzo sobre la base de la igualdad de oportunidades que les brinda el vivir en un estado democrático.