Al cliente ya no le basta con comprar el producto elegido. Ni siquiera lo más importante es conocer de la materia prima que está hecho o cuánto es de perjudicial para la salud, como ocurrió con la campaña “anti aceite de palma”. El consumidor, además, quiere saber el verdadero impacto de su adquisición en el planeta Tierra.
Dos nuevos conceptos han nacido en el mundo del marketing y, como era de esperar, han sabido elegir el momento exacto de su aparición. El greenwashing y socialwashing, saben cómo hacer para que el consumidor piense que está actuando a favor de la sostenibilidad, ecológica y social, a través del producto. Crear una necesidad del cliente hacia un producto o marca a la vez que se combate contra el impacto ambiental.
Apostar por un mercado sostenible es loable y hasta necesario. El problema comienza cuando, en nombre de lo respetuoso con el medio ambiente, las marcas se benefician y aumentan el número de etiquetas categorizadas como ecológicas y sostenibles, aunque no lo sean. Recientemente, el estudio El Consumo Sostenible en España 2022 corrobora que, existe un gran número de productos con información engañosa en su etiquetado.
Es en este punto donde aparece la figura de la Auditoría Social. Esta herramienta parte de la Economía Solidaria, cuyo objetivo es que las empresas aboguen por la transparencia en sus servicios de cara al público, también en lo que refiere a lo sostenible.
La Auditoría Social como medida sostenible
Paulatinamente, son más las empresas que recurren a terceras para valorar su impacto medioambiental y realizar una Auditoría Social que les inste la realidad de su actividad. A través de una serie de preguntas e indicadores comunes recogidos en una herramienta tecnológica, la empresa de auditoría expone los resultados con la pertinente valoración del impacto medioambiental de la empresa en estudio.