La mayor resiliencia de las estrategias sostenibles durante la crisis del coronavirus ha desatado el interés de los inversores hacia la ESG. El flujo inversor se ha dirigido no solo hacia las estrategias de renta variable: la renta fija sostenible también ha sacado pecho y ha venido a recordar que la inversión con arreglo a criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo va cobrando fuerza y es clave también en el mercado de deuda. “Invertir en ESG en renta fija es clave para el futuro, ya que ayuda a evitar emisores que son vulnerables a las rebajas de calificación y al riesgo de refinanciación, lo que lleva a mejores retornos”, apuntan los analistas de Bank of América en su reciente informe “Dando Crédito al ESG”.
Brecha ESG entre renta variable y renta fija
Alain Krief, responsable de renta fija en Edmond de Rothschild, recuerda que desde hace algunos años “el análisis extra-financiero se ha vuelto cada vez más importante en el universo de la renta fija”, mientras que en renta variable ha sido más fácil para los gestores de fondos adoptar la integración de la Inversión Socialmente Responsable. Según explica, “ahora estamos en un punto de inflexión y la brecha entre los dos segmentos de renta fija-renta variable se está reduciendo gradualmente”. Eso sí, hay segmentos de mercado en el que esa brecha es aún muy amplia, caso de los ETFs.
En este sentido, Nina Petrini, reponsable de Gestión Pasiva y ETFs de UBS AM, señala que los ETF de ESG de renta variable “han recaudado el 40% de los nuevos flujos netos en soluciones pasivas de renta variable” y que, aunque se observa un crecimiento significativo también en el frente de la renta fija “su tamaño es relativamente menor”. Como explicación cita “la relativa escasez de soluciones sostenibles de renta fija”. Y es que, de los 114 ETF sostenibles que ha identificado la gestora en Europa, solo 24 son ETFs de renta fija.
Auge de los bonos verdes