Los gastos de 2020 ascienden a cifras astronómicas después de que el Estado apostara por mantener la economía familiar y empresarial a flote. Bruselas animó a los Estados a amortiguar el desplome que trajo la pandemia y eso, no obstante, se acaba reflejando en el balance presupuestario.
Con las reglas de control de déficit por debajo del 3% en fuera de juego, el Gobierno español se ha visto libre y obligado a la vez para poder gastar a discreción. Así, los pagos que realizó el Estado durante 2020 ascendieron a 201.301 millones de euros, un 28,4% más que en 2019 (156.000 millones).
Aunque hay numerosos capítulos en los que crece la factura, como los salarios públicos o los gastos en bienes y servicios, el principal motivo de este aumento son las transferencias corrientes a otros organismos. En concreto, destaca la transferencia de 35.000 millones de euros a la Seguridad Social para paliar el agujero en sus cuentas que supone perder ingresos y elevar los gastos.
En total, las transferencias ascendieron a los 136.990 millones de euros un 48,3% más que en 2019 (+44 mil millones), lo que casi concuerda con la diferencia de 45 mil millones de euros con los gastos del año pasado. En todo caso, el Ministerio de Hacienda hace distinciones entre las diferentes partidas para las que se destinaron estos fondos y pone el foco en la transferencia a la Seguridad Social.
«Este incremento se debe, fundamentalmente, a la transferencia realizada para equilibrar el impacto en las cuentas de la Seguridad Social derivado del COVID-19», explica el Ministerio que dirige María Jesús Montero. Asimismo, se citan los 16.000 millones de euros del Fondo COVID-19 que se han transferido a las comunidades autónomas.