El primer encuentro de la Fed de 2020 se saldará sin cambios. Ni se espera la adopción de nuevas medidas de estímulo, ni ningún cambio de estrategia, ni modificaciones en las previsiones económicas. “No esperamos que el FOMC anuncie otro recorte de los tipos en su reunión del 28 y 29 de enero, gracias en gran parte al éxito de los tres recortes de «seguro» de la Fed durante 2019. La estabilización de la economía de los Estados Unidos justifica una extensión de la pausa de su política”, asegura Franck Dixmier, director global de renta fija de Allianz Global Investors.
Motivos para no actuar
La economía estadounidense “parece estar en un buen momento creciendo a un ritmo de en torno al 2%, generando empleo por encima del crecimiento de la fuerza laboral y sin signos de presiones inflacionistas”, recuerda Enrique Díaz, director de Riesgo de Ebury, de modo que “es probable que la Reserva Federal se contente con mantenerse firme y dejar las tasas de interés sin cambios mientras esto dure, y los datos económicos de esta semana (como el PIB) deberían respaldar esa decisión”, apunta.
Al citado crecimiento de la economía y a la fortaleza del mercado laboral, se unen otros aspectos que hacen que el mercado descuente que la Fed se mantendrá en su postura de esperar y ver. Entre ellos, la mejora de la confianza empresarial y de los consumidores, sin olvidar la rebaja de tensión por la firma de la primera fase del acuerdo comercial con China. Esto hace, según Juan Ramón Casanovas, responsable de gestión de carteras privadas de Bank Degroof Petercam España, que “la política monetaria no sea tan relevante como en las anteriores reuniones”. De hecho, este experto no espera que la Fed actúe ni en un sentido ni en otro a lo largo de todo el ejercicio, una pausa que es prácticamente consenso generalizado entre las gestoras y firmas de inversión. “El único condicionante que podría provocar que Jerome Powell tuviese que actuar sería que la inflación no siguiera la tendencia que los miembros de la Fed descuentan”, subrayan. Lo cierto es que los precios llevan meses “cerca del 2%, a pesar de la actual tasa de crecimiento y, lo que es más importante, de un mercado laboral en el que los salarios siguen registrando presiones al alza”.
En este sentido, desde Allianz GI destacan que el dato del IPC de diciembre en el +2,3% “debe ponerse en perspectiva en vista de la debilidad del PCE (índice de precios de gastos de consumo personal, medido por el gasto de los hogares), que se situó en +1,5% en noviembre, y especialmente del indicador preferido de la Reserva Federal, el PCE central (que excluye el gasto en alimentos y energía), a +1,6% en noviembre”.