A ritmo de desescalada, los mercados financieros paracen estar entrando poco a poco en una nueva fase, que si bien está aun lejos de poder calificarse como normal y mucho menos, como positiva, «sí comienza a dar síntomas, dentro de una elevadísima incertidumbre, de cierta mirada a los conceptos tradicionales de inversión: un retorno a los fundamentales. En suma, una tímida vuelta a lo que los anglosajones denominan business as usual. El negocio, como siempre», asegura Pedro del Pozo, Director de Inversiones Financieras de Mutualidad de la Abogacía.
Camino de la nueva normalidad
Es importante recalcar que esta fase no implica una mejora substancial de las valoraciones de los activos, al menos a corto plazo: si bien es cierto que la volatilidad se ha reducido de una manera muy notable desde los máximos de hace un par de meses, la prudencia, o, mejor dicho, el miedo de los inversores, sigue muy presente en el ánimo del mercado. No obstante, y a pesar de que se mantiene un importante componente ciclotímico en la actuación de los agentes económicos, la sensación general es que el camino hacia la normalidad, o hacia la nueva normalidad, está comenzando a andarse.
El petróleo y la guerra comercial, viejos conocidos que siguen en la nueva normalidad
Nada mejor ilustra el ejemplo anterior, motor incluido, que la evolución del precio del petróleo: el futuro del barril Texas, que llegó a cotizar negativo en abril, se encuentra ahora a niveles superiores a los treinta dólares, sin duda barato en términos de media histórica reciente, pero desde luego más razonable. Aparte de la adecuación de la oferta, lo que ha impulsado su precio es el incremento de la demanda o, para ser exactos, las expectativas de una mayor demanda, en línea con unas economías que tiendan a moverse a velocidad de crucero.