La industria ha ido reduciendo su peso en la economía española a lo largo de los años para dar paso a los servicios. En contraste con dicha dinámica, el sector de la automoción mantiene un peso relevante en la producción. De hecho, el 10% del PIB proviene de este sector, lo que se traduce en que España es el segundo fabricante europeo de automóviles, según las cifras de ANFAC.
Estos datos reflejan que los vaivenes que pueda sufrir la automoción tienen un importante impacto en el conjunto de la economía. Desde 2016 hasta la mitad de 2018 las matriculaciones de automóviles crecieron, de media, un 5%. Desde esas fechas, comenzaron a producirse descensos abultados que atrajeron la atención de diferentes organismos. En 2019 las matriculaciones se redujeron un 11%.
Para poner esa tendencia en contexto, es útil comparar con el consumo de bienes duraderos. No obstante, el Banco de España apunta que la contracción en el caso de los automóviles “ha sido más intensa que la observada en el consumo de otros bienes duraderos”. En esa línea, la evolución de estos bienes lleva a pensar que han tenido influencia en la desaceleración económica que se ha producido recientemente. Y, por otro lado, estaría relacionada con la incertidumbre macroeconómica global y con el agotamiento de la demanda embalsada durante la crisis.
En todo caso, la dinámica del sector automovilístico revela otras circunstancias distintas a las de los bienes duraderos. En particular, el organismo español señala a la incertidumbre, medida a través de las apariciones en prensa de términos que hagan alusión al sector y a su situación con respecto a nuevas normativas restrictivas.