Muchos se sorprenderían si se vieran a sí mismos opinando sobre la pandemia tan solo cuatro meses atrás. Por entonces, era algo lejano que sucedía en China y que poco o nada podía afectar a Occidente, porque el gigante asiático se encuentra muy lejos.
No obstante, la globalización ha hecho añicos las distancias y cabe decir que nadie ha sido inmune a la COVID-19. «Ha habido una reacción de sorpresa generalizada, no creo que ninguno de nosotros hubiera esperado este impacto en los viajes y la vida a una escala tan global», reflexiona Elena Taboada, directora para el sur de Europa de Mason Rose.
En una entrevista con DIRIGENTES, analiza el golpe que ha supuesto para el sector hotelero de alto standing que, como el resto, también está sufriendo. «Estamos en una situación de incertidumbre«, dice Taboada, ligada al desconocimiento de los planes gubernamentales para salir del encierro.
En estas circunstancias, el papel de los hoteles es el de permanecer al lado de su comunidad, prestando ayuda a los servicios sanitarios y a las familias más afectadas. En el caso de los hoteles de lujo, la estrategia pasa por identificar los mercados «en los que enfocarse este año porque algunos mercados van a estar muy afectados».
En ese sentido, la priodidad es que los hoteles sigan presentes en la mente de los consumidores y demostrando su compromiso social: «Creo que no hay un mejor momento para hacerlo que en situaciones como estas», indica Taboada. Una vez vuelva la normalidad, los establecimientos se enfrentarán al difícil equilibrio que supone implementar nuevas medidas de seguridad y sanitarias y «que no se pierda la sensación de estar en un lugar muy especial«.
