El Instituto Nacional de Estadística alertó de nuevo esta semana de una escalada de la inflación que no se veía desde hace décadas. Los precios se incrementaron un 7,4% en febrero con respecto a las mismas fechas del año pasado y, de hecho, supera los preocupantes datos de enero, cuando ya se registró un encarecimiento del 6,1%.
De nuevo, la energía y los alimentos se encuentran detrás de esta escalada de precios. Por un lado, los hidrocarburos se resienten por la invasión de Ucrania, mientras que la electricidad sufre las mismas tensiones que se llevan produciendo ya meses. A su vez, los alimentos empiezan a reflejar que producir y transportar comida es más caro.
Teniendo en cuenta que Rusia y Ucrania son productores de hidrocarburos y alimentos básicos, es de esperar que los precios puedan incrementarse todavía más. A ello se suman las sanciones que han ejercido las instituciones europeas y estadounidenses, que pueden volverse en contra de las empresas y consumidores de esos países.
Evitar efectos de segunda ronda
Hay que tener en cuenta que los datos del INE apenas recogen el impacto de la guerra. Se trata de un avance que se publicó cuatro días después del estallido de las hostilidades. Por tanto, pueden darse aún más subidas conforme la situación se alargue. Desde el Gobierno se plantea que la colaboración de los agentes sociales, patronal y sindicatos, debe ayudar a amortiguar el impacto de la subida de precios.
La CEOE, en representación de las empresas, advirtió hace poco de que lo deseable es tratar de contener los salarios y los precios de los productos. La organización que preside Antonio Garamendi viene manteniendo que la inflación actual es solo una situación transitoria, por lo que es razonable evitar el traslado de esos costes al precio final.