El impacto de las empresas trasciende su propia actividad y las meras cifras económicas. También influyen sobre sus empleados, las familias de estos, sus proveedores y sus clientes y, en último término, sobre toda la sociedad y el medio ambiente. Cada decisión que toman sobre la forma en que se relacionan con el medio ambiente o con otros ciudadanos puede resultar un factor diferencial en su rentabilidad y en la percepción que se tiene sobre la empresa.
Los dirigentes de pequeños y medianos negocios que lean estas líneas saben de sobra que están obligados a tener sus cuentas en orden. Cada final de año, el departamento correspondiente se esfuerza por poner negro sobre blanco cada cifra relacionada con la actividad de la empresa. Por eso, quienes conocen esa obligación pueden verse sorprendidos ante la posibilidad de tener que acumular más números y datos que, por su parte, no tienen nada que ver con el negocio, sino con la relación de la empresa con el medio ambiente y la sociedad.
Por partes. Como dice José María Campos, de CEOE, “una gran parte de la sociedad son sus empresas”. Este representante empresarial explicó hace poco en un coloquio organizado por el Consejo General de Economistas (CGE) que las grandes empresas de España ya tienen interiorizado que no pueden desconectarse del impacto que tienen sus actividades en la sociedad. De hecho, cree que la función del sector privado se ha podido ver también en la pandemia, con su colaboración constante: “Cuando el estado no llegaba, las empresas lo hacían, también las pymes”.
Así, reunir y comunicar información referente a la sostenibilidad o a su impacto social “es una oportunidad para explicar lo que hacen”, dice Campos. Para Emilio Álvarez, presidente del Registro de Economistas Auditores, “la información sobre sostenibilidad se hace cada vez más necesaria para todas las empresas, sea cual sea su tamaño”. Añade que “una pyme que genere confianza es una pyme con credibilidad, imprescindible para lanzar nuevos acuerdos”.
Eso sí, Campos recalca que “es importante que la información sea estandarizada, comparable y sencilla”. “No debe entenderse como una carga más”, comenta Campos, quien entiende que la gran empresa sí tiene mecanismos y departamentos especializados en medir este tipo de información no financiera.