Con la entrada en vigor de normativas más estrictas para la inversión sostenible, ha llegado el momento de replantearse y mejorar las estrategias ESG.
Los ratings ESG se utilizaron por primera vez en la década de 1980 para ayudar a los inversores a evaluar los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza, del mismo modo que las calificaciones crediticias evalúan la calidad del crédito. Aunque estas puntuaciones tan agregadas son fáciles de utilizar, no ofrecen una imagen diferenciada de las oportunidades y riesgos reales, ni siquiera del impacto de los productos y servicios de una compañía en la transición hacia una economía sostenible.
A medida que el panorama de los ratings ESG sigue evolucionando en respuesta al escrutinio normativo, a los inversores les puede merecer más la pena otros métodos más sofisticados como la integración ESG fundamental y la selección en función de la estrategia de indicadores clave de rendimiento (KPIs) para alcanzar sus objetivos de sostenibilidad.
Por qué los ratings ESG agregados han tenido ventaja hasta ahora
Los ratings ESG agregados son una forma habitual de resumir los resultados ESG en una única puntuación compuesta. Sus ventajas son evidentes. Facilitan la comparación entre compañías, la creación de clasificaciones, la indexación y la optimización de estrategias. Pero este método tiene algunos inconvenientes.