Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales mexicanas, aupado por un mensaje de rechazo a la corrupción y a la desigualdad social, las compañías españolas con intereses en el país se plantean qué cambios puede realizar el nuevo jefe de Estado que afecten a sus inversiones, especialmente en materia energética y financiera.
Durante su campaña electoral, López Obrador ha apostado por frenar las privatizaciones del agua, el petróleo y de otros recursos naturales iniciadas por su predecesor, Enrique Peña Nieto, que estaban colocando estos recursos estratégicos en manos de empresas multinacionales foráneas. Tras su triunfo electoral, la agencia la calificadora de riesgo Moody’s ha asegurado que, pese al escenario macroeconómico favorable, la presidencia de López Obrador podría generar turbulencias por su política energética.
Entre otras medidas, Moody’s ha dictaminado que algunas de las medidas propuestas, como la reducción de los precios de los combustibles, la puesta en marcha de nuevas refinerías y la revisión de los contratos de exploración y producción entre la petrolera estatal Pemex y compañías privadas podrían perjudicar a la propia Pemex y a la industria local de petróleo y gas. Mientras, ha considerado poco probable que el nuevo presidente lleve a cabo políticas que interfieran con las actividades de los bancos privados.
Frente al alarmismo de la agencia, la patronal y el tejido industrial mexicano y los inversores extranjeros han tenido tiempo suficiente para prepararse para el cambio de Gobierno, que venían prediciendo las encuestas desde hace meses. Así, desde las empresas se destacan las buenas señales que supone el fin del conflicto laboral entre Pemex y sus trabajadores y se resalta que el presidente electo haya asegurado en su discurso de victoria que renuncia a las nacionalizaciones en banca y energía.
Independientemente de las previsiones sobre el nuevo Gobierno de México, es indudable el peso de las inversiones españolas en la economía del país. Así, España es el segundo país por aumento durante el primer trimestre de 2018 en su inversión extranjera directa en México, con un alza del 18,6% sólo superada por el 43,6% de incremento de la inversión desde EEUU, que se produce a pesar del giro proteccionista de la Casa Blanca y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA).