El 31 de octubre de 2008, Satoshi Nakamoto dio a luz a la primera criptomoneda de la historia: Bitcoin. Más de quince años después, son muchas cosas las que han cambiado con respecto a esta criptodivisa. Primero pasó a no ser entendida, después a ser usada para aquellos que realizaban actividades ilegales en la Deep Web, poco a poco acaparó la atención de algunos inversores minoristas por sus fuertes subidas de precio y en 2017 explotó su popularidad mediática cuando alcanzó los 20.000 dólares por divisa a finales de ese mismo año.
Aun así, desde entonces, Bitcoin recibió críticas y prohibiciones por parte de los grandes reguladores, inversores institucionales y diferentes gobiernos y países. China pasó a prohibir la minería y el uso, aunque ahora está realizando pruebas en Hong Kong; inversores como Warren Buffett se han opuesto a la la inversión en Bitcoin; la SEC siempre se mostró reticente con el activo. Pero, ahora, las cosas se encuentran en punto diferente.
Un cambio de 180 grados para Bitcoin
Si todo lo dicho anteriormente es cierto, ahora el paradigma es otro. Sobre la mesa, la regulación. En Estados Unidos se han aprobado nueve ETFs de Bitcoin al contado y permiten la entrada a los grandes inversores institucionales. En Europa, el reglamento MiCA aprobado el año pasado y desarrollado este año, va a permitir que las entidades bancarias puedan ofrecer servicios de custodia y de compraventa de Bitcoin, y de otras criptomonedas.
“La aprobación de los ETFs de Bitcoin en enero marca un punto de inflexión para la inversión institucional en el mundo de las criptomonedas. Actualmente, estamos presenciando las etapas iniciales de una participación institucional más amplia. El lanzamiento de productos financieros regulados como los ETFs de Bitcoin facilita una vía segura y regulada para que los inversores institucionales accedan a este mercado emergente”, asegura Abel Peña, CSO Bit2Me.
Antes de la aprobación de estos ETFs, los grandes inversores institucionales tenían muy difícil, regulatoriamente hablando, poder invertir de forma directa en Bitcoin. Sin embargo, hacerlo mediante los ETFs es más sencillo a nivel normativo. “Tanto los inversores institucionales como los particulares pueden invertir ahora a través de sus intermediarios tradicionales, sin necesidad de hacerlo a través de intermediarios especializados, que han estado sometidos a muchas presiones por los recientes escándalos y quiebras. Esto ha podido atraer a un mayor número de inversores”, afirma Joaquín Robles, analista de XTB.
