Miles de inversores están convencidos de que la inversión sostenible permite seleccionar mejor las adquisiciones que se realizan en renta variable. Pero pocos las aplican en sus carteras de renta fija, y es una lástima, porque la IS funciona igual de bien en esta categoría, y puede resultar un elemento esencial para la gestión de riesgos en ciertos mercados.
El mito de que la IS sólo funciona en renta variable se debe a que los precios de la deuda pública son más sensibles a cuestiones macroeconómicas, tales como los tipos de interés o el crecimiento del PIB, que a factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) propios de las distintas empresas. Además, para algunos inversores es difícil comprender cómo las cuestiones ASG podrían ejercer algún efecto sobre una deuda que, en cualquier caso, debe reintegrarse.
Esencialmente, se trata de reducir el riesgo, aplicando una máxima de los mercados de crédito que Robeco lleva mucho tiempo siguiendo: en una cartera, es más importante evitar a los perdedores que identificar a todos los ganadores. Evitar a los perdedores supone realizar un cuidadoso análisis del riesgo inherente a cualquier bono: la capacidad del emisor para devolver el dinero o, por contra, incurrir en impago. Aquí es donde el análisis ASG puede ayudar.
Evaluar las credenciales crediticias
RobecoSAM lleva a cabo además la Evaluación de Sostenibilidad Corporativa (CSA), basada en un cuestionario detallado sobre todos los aspectos del comportamiento ASG de una empresa, desde emisiones de carbono hasta relaciones laborales o composición del consejo. Sus resultados se utilizan tanto en renta variable como fija, ya que los datos subyacentes se refieren a la empresa en sí, no tanto a sus acciones o bonos.