China marcará este año un nuevo hito en sus esfuerzos por reducir su huella de carbono si consigue consolidar su posición como primer importador mundial de gas natural, tras haber superado a Japón.
El país es, de forma simultánea, el mayor emisor de dióxido de carbono del mundo y un campeón global en el cambio medioambiental. Esta paradoja engloba tanto su vertiginoso desarrollo económico, como una necesidad urgente de modernización.
Un aspecto importante de las reformas llevadas a cabo por China es el cambio del carbón al gas natural para satisfacer sus necesidades energéticas, tanto industriales como domésticas. Si bien sigue siendo un combustible fósil, el gas natural emite un 50% menos de CO2 que el carbón.
China importa la mayor parte del gas de Australia y de la Costa del Golfo de EE. UU., aunque está aumentado la búsqueda en el Centro de Asia para asegurar el suministro al mismo tiempo que actualiza su red de infraestructuras y de gasoductos.
El crecimiento del sector del gas natural y las industrias asociadas que este cambio está generando es una oportunidad para los inversores, siempre que estén dispuestos a buscar las empresas que se beneficiarían de este proceso.