La incertidumbre comercial transita a sus anchas. Pese a los últimos movimientos de acercamiento entre China y EE.UU para aliviar las tensiones comerciales entre ambas potencias, el conflicto subyacente es inminente. Y, es que, lo que está en juego es el liderazgo tecnológico, y, por tanto, la supremacía internacional.
En el futuro, China quiere asumir el liderazgo en el escenario mundial. Atrás quedaron los días en los que el país sólo se consideraba como un centro de producción subcontratado para Occidente. En el camino hacia el liderazgo en el mercado global al que aspira, Pekín quiere cerrar la brecha tecnológica con las empresas occidentales y estadounidenses con una estrategia industrial. Su liderazgo persigue un ambicioso plan maestro «Made in China 2025», que pretende llevar al país a la cima. China como el garante de los más altos estándares de calidad.
Hace más de dos años, los gobernantes chinos anunciaron que querían transformar el país en una superpotencia de inteligencia artificial (IA). Desde entonces, el progreso técnico ha estado en pleno apogeo. Las empresas chinas operan con una gran cantidad de datos. Estos modelos de negocio basados en datos tienen un enorme potencial y no es una coincidencia que Pekín haya tomado la iniciativa en la aplicación de las tecnologías de AI (inteligencia artificial).
EE.UU., hasta ahora sede de las empresas de mayor crecimiento del mundo con nombres tan familiares como Silicon Valley, ahora se ve cada vez más en una carrera contra la superpotencia asiática. Aunque la mayoría de las patentes de clase mundial provienen de Estados Unidos, ¿qué país podrá afirmar que será el líder en tecnologías digitales clave en el futuro?
EE.UU. no renunciará a su liderazgo