Los altos niveles de desempleo de España se han instalado como un elemento más del paisaje. Que los porcentajes de paro superen las dos cifras es algo tan habitual que forma parte de la cotidianidad, como los calificativos que acompañan a su antónimo, el empleo: temporal, precario o emigración.
Estos apellidos del empleo no están puestos porque sí. Hablan de la costosa incorporación al mercado de trabajo, que sucede sobre todo entre los jóvenes. Antes de la pandemia, en febrero de este año, el desempleo entre los menores de 25 años alcanzaba el 31,2%. En apenas un mes, ese porcentaje se elevó al 34,8% y, según los últimos datos, ya se encuentra en torno al 40%.
La interpretación más obvia es que los jóvenes, sobre todo aquellos que trabajan en los empleos más precarios y temporales, han sido los primeros en perder sus puestos de trabajo. El presidente del Consejo Económico y Social de España (CES), Pedro Fernández Alén, incide en que «las perspectivas no resultan nada halagüeñas», por lo que la cúspide de la «segunda gran pandemia» que vive España podría estar presente por mucho tiempo.
Durante la presentación de un estudio del CES, Fernández Alén alertó de que, si no se encuentra remedio, España está ante el «riesgo de perder una generación». Desde su punto de vista, la elección es sencilla: «Debemos destinar tantos recursos como sean necesarios. Lo que no gastemos hoy tendremos que gastarlo mañana en subsidios».
Causas del desempleo
Para Héctor Maravall, consejero del CES y responsable del análisis, España adolece de una «alta incidencia del abandono escolar temprano». No obstante, este no es el único problema, ya que el estudio concluye que los jóvenes españoles tienen menores niveles de competencias básicas en todos los niveles educativos, tanto en el caso de los que no tienen estudios como en los de los graduados universitarios.