El comercio de proximidad es, junto a la hostelería, otro de los sectores que también está muriendo tras el paso del SARS-CoV-2. Estos establecimientos son un fiel reflejo del pulso de la economía, cuando las calles despiertan con el alza de su persiana. A escasas semanas para el arranque de la campaña de Navidad -el último cartucho para muchos de ellos antes de cerrar para siempre- el gremio alza la voz para impulsar el desarrollo de iniciativas que estimulen el consumo como, por ejemplo, los bonos de ayuda a las familias. DIRIGENTES entrevista al vicepresidente de Madrid Foro Empresarial y presidente de la Confederación de Comercio Especializado de Madrid (Cocem), Armando Rodríguez, para conocer más a fondo esta medida con la que se pretende esquivar la quiebra de muchos pequeños negocios, al tiempo que se reactiva la economía.
¿En qué consiste el bono de ayuda a las familias para reactivar el consumo?
Existen iniciativas de este tipo a nivel europeo y autonómico, como es el caso de País Vasco. La idea es destinar una parte de los fondos a ayudas directas para fomentar el consumo en el comercio de proximidad, bien a través de un bono a las personas o los comerciantes para que lo distribuyan entre los clientes. El fundamento radica en no paralizar la actividad económica.
En Malta, por ejemplo, el usuario puede gastar dicho bono en cualquier establecimiento de la ciudad, cuyo importe es controlado a través de un sistema informático. En cambio, en País Vasco se optó porque fueran los pequeños empresarios los encargados de repartirlos con determinadas condiciones y controles. Las restricciones puestas en marcha este mes en España han supuesto unas pérdidas semanales de 600 millones al comercio. Hay que inyectar dinero para salvar las Navidades y a este mercado que genera una cadena de actividad. Esto es más importante que darles dinero a los comerciantes para que subsistan un mes más.
¿Cuál sería la cantidad adecuada de este bono?