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Aprender ya no es una opción. Es un mandato no escrito. Las empresas exigen líderes curiosos, actualizados, en transformación permanente. Lo que antes era desarrollo profesional hoy se ha convertido en supervivencia corporativa.
Entre webinars, mentoring, certificaciones y cursos exprés, muchos directivos viven en una carrera que nunca termina. Una especie de gimnasio mental donde no se permiten días libres.
Cuando la formación se convierte en ruido
En teoría, el aprendizaje continuo es la gran virtud del siglo XXI. En la práctica, puede derivar en saturación. La sobreoferta de formación ha convertido el crecimiento profesional en un algoritmo imposible de seguir.
El aprendizaje deja de ser placer y se convierte en obligación. La curiosidad se reemplaza por la culpa.
La ansiedad de no saber suficiente
Detrás de esa hiperactualización se esconde un miedo profundo: quedarse fuera del juego. El mercado laboral premia al que aprende, pero castiga al que se detiene. Esa dinámica, constante y silenciosa, está generando un nuevo tipo de ansiedad: la del update infinito.


