La ralentización económica está sobre la mesa. Sus consecuencias, también. Uno de los desencadenantes ya ha sido expuesto por la ONU: 500 millones de personas no tienen un empleo digno. Y es que «mientras que la fuerza de trabajo mundial aumenta, no se están creando suficientes empleos nuevos», recoge un estudio elaborado por este organismo.
Las cifras son estas: 188 millones de desempleados en el mundo, 165 millones que desean trabajar más horas y 120 millones que no están clasificadas como desempleadas al abandonar la búsqueda activa de trabajo o no tener acceso a éste.
El director general de la Organización Internacional del Trabajo (perteneciente a la ONU), Guy Ryder, define la situación así: «Para millones de personas comunes es cada vez más difícil construir vidas mejores gracias al trabajo. La persistencia y la amplitud de la exclusión y de las desigualdades relacionadas con el empleo les impiden encontrar un trabajo decente y forjarse un futuro mejor». Hablando de futuro, son los jóvenes, precisamente, uno de los grupos poblacionales más afectados: 267 millones ni trabajan ni reciben ningún tipo de formación.
Los pronósticos a futuro tampoco ayudan: el número desempleados aumentará 2,5 millones este 2020. Y muchos de los que sí tengan trabajo en países emergentes vivirán un aumento de su pobreza entre 2020 y 2021. Actualmente, casi uno de cada cinco trabajadores, un 19%, «no han ganado lo suficiente para subsistir ellos mismos y sacar a sus familias de la pobreza».