Un cambio drástico de estrategia marcaba hace unos días las declaraciones del presidente del Gobierno cuando anunció el envío directo de material militar ofensivo a Ucrania. Pedro Sánchez, se contradecía así mismo ante su firme elección de no enviar armas en un primero momento, sin embargo, la presión recibida por las grandes fuerzas europeas ha sido más fuerte que su (aconsejado) convencimiento inicial.
España abandonaba la idea de ser el único país de la UE con fuerte presencia política, en no enviar armas al país ocupado. De este modo, la ministra de Defensa, Margarita Robles, detallaba horas después del anuncio de Sánchez, el número de material ofensivo que se destinaría a la lucha contra la guerra del Este. Ametralladoras, cartuchos tanto para fusiles como para ametralladoras y aviones con lanzagranadas con destino Polonia, por tratarse de un punto limítrofe con la frontera ucraniana.
Arsenal armamentístico de primera línea mundial que ayudará a combatir al ejército de Zelenski contra la invasión rusa. Pero España, además, cuenta con otro tipo de armas, armamento tecnológico altamente sofisticado la que el Ejecutivo prefiere no contar, al menos de momento, para esta guerra.
Tecnología puntera en el armamento español
El ejército español cuenta con uno de los armamentos con mejor tecnología del mundo. Por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas almacenan material militar extremadamente sofisticado y potente, que van renovando periódicamente y revisando con mimo para dar lo mejor de sí.
Uno de los mejores ejemplos de nuestro armamento militar aéreo, viene de la mano del Future Combat Air System (FCAS), sistema de combate diseñado por reconocidos ingenieros aeronáuticos de compañías como Airbus. Un caza y un dron escolta totalmente autónomo que aún a la perfección hardware y software, cuya inversión supera los 2.000 millones de euros y que podríamos ver en operativo en 2027.