“Si no vemos pronto un plan conjunto para poder sobrevivir económicamente a esta crisis del COVID-19 puede ser que España pase de ser, de un país proeuropeo a antieuropeo”, advierte el historiador y autor español León Arsenal. Ahora que en Alemania se habla tanto de las “cifras catastróficas” de España y el colapso de su sistema de sanidad, hay que recordar que en su día la gripe española se llamaba así porque era el único país que era transparente en la cubertura de los casos mientras otros países sufrían cierta censura, dice Arsenal. Mientras en el Norte de Europa acusan al mal sistema de salud por ser el responsable del alto ratio de muertes y infectados, pocos quizás son conscientes de que, según la WHO España tiene el séptimo sistema más solido del mundo, mientras Alemania cuya gestión es elogiada en estos días, solamente llega al rango 25. «Se aprecia mucho que en España el 98% de la población tiene cubertura estatal, pero es cierto que solamente tenemos 755 hospitales versus 2000 en Alemania y alrededor de 160.000 camas hospitalarias comparado con casi media millón en Alemania», explica Alberto Giménez de la Fundación Economía y Salud sobre la actual situación en España. Pero hay que recordar también que el contribuyente español paga menos comparado con el alemán, teniendo una esperanza de vida más larga.
La difamación mediática y un nuevo intervencionismo
En estos tiempos de crisis no solamente olvidamos estos hechos, también falta muchas veces empatía para la situación particular del otro, así las tensiones aumentan. Después de un tiempo duro de neoliberalismo ha empezado la carrera sobre qué estado interviene más en esta crisis del Covid-19 y puede proporcionar el paquete más grande de ayudas públicas. En este contexto Italia y España apuestan por los coronabonos. Alemania podría quizás estar de acuerdo, según algunas fuentes, en el caso de que hubiera duros sistemas de control para que se aplicase este dinero correctamente y con la mayor eficiencia. La postura alemana sienta sobre todo mal en Italia.
Mientras el primer ministro holandés Mark Rutte se ha disculpado ya por sus comentarios desagradables sobre la gestión de la crisis sanitaria en Italia y España, circula por España otra vez la imagen de la «rígida y egoísta Sra. Merkel». En estos días somos testigos de lo peligrosos que son los estereotipos y aumentan las voces, como la de Pedro Sánchez que se lleva bien con Rutte, que llaman a la calma.
Mientras en Alemania hay opiniones diferentes, los economistas españoles comparten todos la misma opinión: “Es necesario emitir ahora deuda perpetua que no se contabilice en nuestras cuentas nacionales”, argumenta el catedrático y experto en asuntos europeo Donato Fernández. Pero Alemania tiene que luchar, como Francia, Austria y también Holanda, con una fuerte extrema derecha antieuropeísta que no quiere compartir deudas con el sur porque ven que la integración fiscal y la cohesión financiera no se ha conseguido todavía para poder estar seguros de que todos siguen las mismas reglas. En general el ciudadano alemán tiene miedo del despilfarro. La política alemana no se fía todavía en las finanzas del sur, y todavía menos en Italia que en España, cuyo enorme trabajo después de la crisis ha sido reconocido en varias ocasiones. Pero parece que el Gobierno alemán está dispuesto a introducir algo similar al European Stability Mechanism que para ellos funcionó bastante bien en la última crisis financiera.
Italia cree que no es suficiente contemplando lo que hace Estados Unidos para reducir el daño del Covid-19: «¿Qué queremos hacer en Europa? ¿Cada Estado miembro quiere seguir su propio camino? Si la respuesta no es una respuesta común, seria y coordinada, entonces Europa será cada vez menos competitiva, también en el mercado global «, dice el primer ministro italiano Giuseppe Conte. Sánchez lo ha expresado más suavemente apelando a la solidaridad europea cuya definición ahora mismo es difícil: “España no va a poder salir de la crisis que se avecina si no es de la mano del resto de socios europeos. Y en este sentido la emisión de coronabonos es fundamental para que nuestro país acuda a los mercados de capitales a conseguir financiación y el dinero de los inversores, sin competir frente al resto de economías europeas que están mejor que la nuestra, que tienen más solidez (Alemania, Francia, etc) y que también van a necesitar liquidez”.