El tejido empresarial español se compone principalmente de Pymes y autónomos. Así lo pone de manifiesto el último estudio realizado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo. En su "Retrato de la Pyme 2014", totaliza 3.195.210 empresas, de las que 3.191.416 (99,88%) son pymes; entendiéndose como tales aquellas empresas que tienen entre 1 y 249 asalariados, cifra muy lejana a la de otros países como EEUU, donde hay pymes con un millar de empleados. Sin embargo, una gran cantidad de ese 99,88% de empresas no se gestiona como tal. Esto es así, por múltiples razones.
Uno de los muchos rasgos en común entre un autónomo, una pyme de 46 empleados y una gran cuenta, tiene que ver, por ejemplo, con el inexcusable cumplimiento de sus obligaciones tributarias. Sin embargo, existe la creencia errónea de que, las empresas necesitan herramientas que les permitan optimizar la obtención de sus Declaraciones o la presentación de sus cuentas en el Registro Mercantil, en función de su tamaño.
Nada más lejos de la realidad. Utilizar el tamaño de una empresa para limitar su acceso a una tecnología que les permitiría avanzar en su gestión, mejorando su productividad y, por tanto, su rendimiento es un "error de bulto". Así lo ha entendido el mercado que por fin, ha tomado conciencia de la importancia de las pequeñas y medianas empresas en el conjunto global de la economía española a la que aportan el 65% del Producto Interior Bruto.
Nuevas fórmulas para acceder a soluciones tecnológicas y nuevos modelos de explotación y comercialización han permitido "abaratar" los costes, que era la principal traba -y no el tamaño- para que las pymes accedieran a este tipo de herramientas.
Sistemas de gestión que impulsan un cambio positivo