A Emmanuel Macron no le gusta el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, porque Francia tiene dudas de que vaya a cumplir lo que se firmó con en los acuerdos de París con respecto al cambio climático. Además, los agricultores franceses le presionan para que Francia pida cambios en el acuerdo con Mercosur, porque temen la competencia barata de Brasil. Pero a diferencia de Macron, Pedro Sánchez cree que el tratado de libre comercio con Mercosur obligaría a Bolsonaro a comprometerse más con el clima porque así se negoció.
Por ello Federico Steinberg, analista del Real Instituto Elcano en Madrid, cree que no habrá vuelta atrás con el tratado de libre comercio: “Y para los agricultores europeos se encontrará una solución. De todos modos, este sector debería repensar su estrategia”. Advierte que ya es una evolución en marcha, la transformación del sector agrícola en Europa. En Alemania la cantidad de granjas lecheras disminuyó en un 28% entre 2010 y 2017. También el número de granjas porcinas se ha reducido a la mitad entre 2007 y 2016. Todo esto también está en favor de la lucha contra el cambio climático. Cómo su lobby es muy influyente, también en Alemania, el Gobierno de Angela Merkel ya ha anunciado ayudas para sus agricultores que se quejan desde hace mucho tiempo de la presión financiera cada vez mayor en el sistema.
La agricultura europea prueba la rebelión
Por el momento los granjeros se usan por parte de los partidos más a la derecha, sobre todo, como munición para frenar la globalización y también para criticar la UE, por lo menos en Alemania. El portavoz agrícola del grupo parlamentario del partido AFD, Stephan Protschka, vende el acuerdo como una amenaza: «La palabra «libre comercio» presupone condiciones competitivas equitativas y justas para ambas partes. Pero este no es el caso aquí. Mientras nuestros agricultores se están hundiendo en regulaciones y regulaciones, ahora es posible importar alimentos de los estados del Mercosur cuyas normas no cumplen con las de la UE… Esto nos hace aún más dependientes de las importaciones y destruye la agricultura doméstica». Pero cierto es que no solamente los agricultores alemanes crían todavía muchos más cerdos, vacas y pollos de lo que sería necesario para el suministro de los ciudadanos alemanes. A pesar de la reducción de la agricultura en los últimos años, Alemania es junto con España el más grande exportador de carne de la UE.
«Justo cuando se concluyen acuerdos comerciales con países como Brasil, se debe garantizar la preservación de los altos estándares europeos, especialmente en lo que respecta a la ausencia de ingeniería genética y el uso de pesticidas», enfatiza Gerard Drexel, CEO de la cadena holandesa de supermercados Spar. Sin duda Argentina y Brasil emergen como beneficiados en lo inmediato como principales proveedores de la nueva cuota de 99.000 toneladas de carne que el bloque de Mercosur puede enviar a la UE con un arancel de importación reducido al 7,5% en un plazo de cinco años. La producción de alimentos de la Confederación Sudamericana de Mercosur se basa en el modelo de agricultura industrial. Justo este modelo ya no gusta en la UE. Pero lo que no cuentan los críticos del Mercosur que en cambio las empresas europeas entrarán libremente a competir por contratos públicos, principalmente en áreas de infraestructura, construcción y telecomunicaciones, áreas sensibles de gran potencial de desarrollo en las economías sudamericanas. Habrá tiempo para mejoras y reflexiones, porque aún la alianza es poco más que una declaración de intenciones tuviera continuidad con los nuevos gobiernos de 2020 en adelante, su implementación supone al menos diez años, plazo en el que Mercosur deberá liberalizar el 91% de su mercado y la UE abrir el 92% envolumen y el 95% en líneas arancelarias.