Si aterrizara en nuestro país un alienígena y se pusiera a mirar el panorama fiscal, seguro que le llamaría la atención el hecho de que, el año en el que se espera un nimio crecimiento en España, solo superior ligeramente al 1% y con una inflación todavía vigorosa, la recaudación por impuestos llegará a cotas desconocidas, nada menos que hasta los 262.781 millones de euros, con crecimiento del 7,7% frente a otro espectacular ejercicio, como será al cierre, el de 2022.
Si hay dos cosas en la vida que son ciertas, parafraseando al más que ingenioso y venerado estadounidense Benjamin Franklin, son la muerte y los impuestos. Y lo dice nada menos que quien se encuentra en el anverso de los billetes de 100 dólares. En España, para 2023, será más cierto que nunca que se estima en 18.710 millones de euros el aumento de recaudación en un ejercicio en el que se espera que se muevan a medio gas la actividad y la inversión mientras veremos qué pasa con el empleo.
Razones de la subida de impuestos
Iba a ser el año de la reforma fiscal, pero dos acontecimientos han cambiado el panorama impositivo en nuestro país: las consecuencias de una inflación desbocada, con subidas de tipos que pueden llevarnos de forma global, en general y en Europa, España incluida en particular, a una recesión en toda regla para su control. El segundo viene dado por la batalla iniciada por las autonomías para aligerar el peso fiscal ante la deflactación del IRPF, de todo color político.
Así, el Gobierno, ante el incremento de las medidas de bonificación sobre distintos aspectos, como ocurre con los carburantes o la electricidad y el gas, ha implementado una serie de impuestos, algunos de nuevo cuño y otros de elevación en los niveles de presión fiscal actuales, que incrementarán la recaudación y tendrán una segunda función: contrarrestar lo anunciado por algunas CCAA, tanto en el caso de las gobernadas por el PP, como para no quedarse atrás en las rebajas, en el caso de las lideradas por el PSOE.
Lo primero que hay que tener en cuenta, es que estamos hablando de impuestos “excepcionales y temporales” para los dos próximos años, aunque la ministra de Hacienda ya ha abierto la puerta (o su revisión) a estas nuevas figuras tributarias cuando acabe el plazo previsto. Es más, el Gobierno indica en su presentación que “se incluirá una cláusula de revisión para evaluar al término de su vigencia si es necesario mantenerlo o suprimirlo”. Pensemos si existe algún impuesto que se haya mostrado de ida y vuelta en España una vez establecido. Yo diría que no.