Aunque es cierto que Wall Street, pionera de la escalada alcista que experimenta la renta variable desde marzo de 2009, ha perdido fuerza, las Bolsas mundiales repuntan día tras día y, en cuanto tienen ocasión, marcan nuevos máximos. Lejos quedan ya los mínimos vistos tras el estallido de la crisis y aunque sus terribles consecuencias en la economía están lejos de dejar de notarse, los inversores apuestan ahora más que nunca por la renta variable.
Sin embargo, también es cierto que al agotamiento natural de las subidas se suman no pocas incertidumbres: la posible subida de tipos de la Fed, la vacilante recuperación de la Zona Euro, la situación de los emergentes con China a la cabeza, el desplome del crudo o la fortaleza del dólar. Con todo, por el momento, sólo parece importar el importante, por no decir imprescindible, soporte que suponen los bancos centrales, sus inyecciones masivas de liquidez y sus laxas políticas monetarias.
El principal ejemplo lo tenemos aquí en el Viejo Continente, desde que el Banco Central Europeo (BCE) anunciará su programa de compras masivas de deuda (QE) la renta variable de la región acumula importantes ganancias, mientras la "paz" se adueña de sus convulsos mercados de deuda.
Las dudas conviven pues con la "red de seguridad" de los estímulos monetarios (en retirada por otro lado en Estados Unidos y Reino Unido) y, por ende, la volatilidad hace acto de presencia. "Mayor volatilidad, grandes compañías haciéndolo mejor que las pequeñas y, al final, burbujas de precios. ¿Creen que estamos ante un escenario de este tipo en las Bolsas?" Pregunta José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España.
"Probablemente no", responde, "esto, al menos, es lo que nos dice el mercado día a día… aunque, por otro lado, es importante no generalizar". Para este experto nos encontramos en un "ciclo alcista maduro, que no finalizado".