El BCE está realizando desde hace ya algún tiempo intentos para que la financiación de las empresas en la eurozona, sobre todo la de las pequeñas y medianas, se agilice y se desfragmente. De todos es sabido que no tienen el mismo acceso al crédito las corporaciones de los países periféricos que los centrales.
En gran medida el problema proviene del sistema financiero que en nuestros países se encuentra muy vinculado al riesgo soberano y por tanto sufre cuando existen dificultades derivadas de la deuda pública como las que hemos padecido en los últimos años.
Pero la dificultad también tiene una característica estructural o de sistema y ésta es que las empresas europeas dependen en su mayor parte de la banca para buscar recursos de financiación y a diferencias de otros países o zonas no suelen acudir directamente a los mercados de capitales en busca de financiación,
Antes de la crisis el 90% de la financiación dependía de la banca que tuvo que hacerse cargo tras el batacazo en la construcción de gran parte de las pérdidas que se originaron después y que a su vez hicieron entrar en un círculo vicioso al sistema financiero del que sólo se ha ido pudiendo salir mediante inyecciones de dinero público.
Según estudios realizados recientemente los canales de financiación alternativos podrían ascender en la actualidad hasta cifras cercanas a 160 mil millones de euros. Es necesario simplemente abaratar el coste de acceso a estos mercados y la creación de calificaciones crediticias para que las empresas puedan ser valoradas en los mercados de capitales.