Los mercados de valores europeos y estadounidenses cayeron ayer con fuerza en una sesión que, en principio, se presumía iba a ser de transición, y en la que la fortaleza del dólar fue el principal protagonista.
Así, desde primera hora del día el dólar estadounidense continúo con su revalorización frente a las principales divisas mundiales, especialmente frente al euro que, tras el inicio de las compras de bonos por parte del BCE, siguió debilitándose a marchas forzadas. En ello también tuvo mucho que ver el enquistamiento del "problema griego", con manifestaciones sobre el mismo para todos los gustos, entre las que destacaríamos las del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, que volvió a insistir ayer en que los socios de Grecia en la Zona Euro están perdiendo la paciencia y que Grecia no recibirá ningún anticipo del programa de rescate hasta que no empiece a implementar las medidas acordadas. En este sentido, señalar que hoy se inician los trabajos técnicos para determinar estas medidas, en los que la troika, ahora denominada "las instituciones", jugará un importante papel.
Como dijimos ayer, el "problema griego" seguirá impactando negativamente en los mercados financieros de la Zona Euro todavía por mucho tiempo. Por último, la tercera razón para esta fortaleza sobrevenida del dólar tiene mucho que ver con la posibilidad de que la Reserva Federal (Fed) inicie tan pronto como en junio el proceso de subidas de tipos de interés oficiales. La semana que viene, cuando se reúna el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC) y su presidenta, Janet Yellen dé una conferencia de prensa tras la misma, podremos determinar con mayor certeza si la primera subida de tipos por parte del banco central estadounidense está tan cerca como parecen creer los mercados financieros mundiales.
Así, la fuerte revalorización experimentada por el dólar tuvo un impacto directo en el precio de muchas materias primas, entre ellas el petróleo, lo que arrastró a la baja a las compañías mineras y relacionadas con las materias prima, lo que también se convirtió en un lastre para los índices bursátiles de la región, especialmente para el Ftse 100 británico, en el que este tipo de compañías tiene una elevada ponderación.
Además, la fortaleza del dólar también afectó desde primera hora a los futuros de los principales índices bursátiles estadounidenses, ya que, sin ninguna duda, este factor terminará pasando factura a los resultados de las multinacionales estadounidenses por dos vías: i) al hacer menos competitivos sus productos; y ii) al repatriar sus ganancias desde el exterior. Todo lo contrario les ocurrirá a las compañías exportadoras europeas, que ganan competitividad con la debilidad del euro, lo que debe reflejarse a medio plazo en sus resultados, cuyas expectativas esperamos sean revisadas al alza en los próximos meses.