En primer lugar, debemos tener claro que el miedo es racional y nos ayuda a protegernos, el problema llega cuando cruzamos al lado irracional y el pánico se apodera de nuestras decisiones… En segundo, ser conscientes de los riesgos es necesario, pero este conocimiento no debe paralizarnos, sino ayudarnos a movernos en el mercado con la cautela debida.
Sí, la recuperación en Estados Unidos tiene "puntos flacos", como la escasa aceleración salarial; el crecimiento a ambos lados del Atlántico es irregular; China se desacelera y los emergentes se tambalean ante el peso de su elevado endeudamiento; mientras, el petróleo se hunde amenazando la estabilidad global; al mismo tiempo que la Reserva Federal (Fed) se ha embarcado en un ciclo alcista de tipos…
"Siempre encontraremos amenazas potenciales para nuestras inversiones", señalan desde Self Bank. Y llaman la atención como en 2008, por ejemplo, el alto precio del crudo era un problema, mientras que en 2015 ha sido todo lo contrario.
Así, a firma nos deja cuatro recomendaciones para "no ser presas del miedo": distracción (en momentos de estrés es aconsejable no operar); valor y precio (una inversión no es ni mejor ni peor cotizando a 10 euros que a 15, es la misma; siempre hay que centrarse en el valor, no en el precio); ser conscientes de las propias limitaciones (si somos muy inquietos, igual es mejor no operar con mercado abierto y dejar órdenes sin mirar al mercado); y coherencia (si somos inversores a largo plazo, esto es, con un horizonte de años, ¿por qué miramos cómo evoluciona nuestra cartera día a día?).
En busca de la confianza perdida