Durante décadas, el compromiso del Gobierno de Estados Unidos para la I+D ha oscilado entre el 2,5% y el 3% del PIB, según datos de la Fundación Nacional de Ciencia.
En concreto, el año pasado el Gobierno federal destinó una partida de 135.000 millones de dólares a innovación y desarrollo, algo más que en 2014, pero tan sólo supone el 8% del total de la inversión en I+D en el país. Esto se debe en parte a la Ley de Control de Presupuesto de 2011, que recorta el gasto federal para ajustarse a la inflación.
El 50,5% del dinero va destinado a laboratorios de investigación, universidades (un 13% del total) y organizaciones gubernamentales como la Administración del Aire y el Espacio, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica o la Agencia de Protección del Medio Ambiente, entre otras.
La mayor parte de la financiación se origina en el sector privado. De hecho, el gasto de las empresas estadounidenses aumentó un 6,7% en 2014, el mayor incremento desde 1996, según datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos. Y los resultados son visibles. Las compañías privadas están detrás de un 80,2% de las patentes en ciencias de la vida y tecnología de la información y han conseguido ser galardonadas con decenas de premios en I+D.
Por su parte, los programas de investigación académicos estadounidenses siguen liderando el ránking mundial y representan alrededor del 60% de toda la investigación básica en el país. En cuanto a la financiación también destaca el programa SBIR (Small Business Innovation Research) que invierte en proyectos I+D con fondos de 12 agencias federales, entre las que se encuentran el Departamento de Energía, el Departamento de Defensa o la Fundación Nacional de Ciencia.