Si se hiciera una encuesta entre analistas y participantes del mercado sobre dónde piensan que estará el nivel de inflación en Estados Unidos y Reino Unido dentro de 5 ó 10 años, obviando la salvedad que en ese periodo de tiempo tan largo no hay análisis que se sostenga, lo más probable es que la mayoría de ellos se decidieran por el nivel del 2%, este es el objetivo de inflación del Banco de Inglaterra y de la Reserva Federal Americana y ambos bancos gozan de la credibilidad del mercado.
Pero, ¿y si hiciéramos lo mismo con la Eurozona? En primer lugar, el objetivo de inflación del Banco Central Europeo se define con menos precisión: cerca pero por debajo del 2%. No está tan claro. Imprecisión que define el complejo funcionamiento del propio regulador. En este caso la encuesta tendría con toda seguridad mayor controversia.
El presidente Mario Draghi viene señalado desde tiempo atrás que el descenso de las expectativas de inflación a largo plazo en la eurozona es un hecho preocupante que requiere se actúe de manera inmediata. En lo que llevamos de año la inflación se encuentra en el nivel del 0,4% y con toda probabilidad en diciembre tendrán que revisar sus expectativas a la baja, de nuevo, algo que viene ocurriendo de manera continuada. Veremos si aún mantienen su previsión para un plazo superior en el 2%, algo poco creíble si tenemos en cuenta el ritmo actual.
Además, no es algo que sólo afecte a los países de la periferia, la inflación se sitúa en niveles peligrosamente baja en el núcleo central de la eurozona también. Tampoco es un tema coyuntural ocasionado por la caída de los precios energéticos, que por otro lado tan bien nos viene a países como el nuestro, sino que la inflación subyacente , la que excluye los precios de alimentos y de la energía, está en un 0,7% en lo que llevamos de año.
Como sabemos, el señor Draghi se encuentra maniatado por la estructura del Banco Central Europeo y por la testaruda oposición del Bundesbank, aún así, el mago Draghi ha logrado implementar un plan de actuación que comprende las compras de activos de crédito y de cédulas hipotecarias, que con toda seguridad se quedará corto a la vista de las expectativas inflacionistas de medio plazo. Como ya he comentado en ocasiones anteriores, el Banco Central Europeo se verá forzado a comprar deuda soberana europea.