Y es que, explica Gil, en los dos primeros mercados "nos acercamos a una zona crítica, formada por techos y directrices bajistas que marcan el deterioro de las Bolsas desde hace un año. Si se rechazan estos niveles, lo más probable es que nos enfrentemos a un escenario fuertemente bajista hasta bien entrado los meses de verano (agosto y septiembre), ya que se confirmarían estructuras de vuelta o de distribución en un gran número de índices bursátiles a nivel mundial".
Mientras, en Europa y Japón, "el escenario es claramente pero, ya que ni la macro evoluciona como se espera, ni las divisas continúan el proceso de depreciación de los últimos años".
Así, afirma: "Creemos que la opción bajista tiene más probabilidades que el escenario alcista (…) ante el conjunto de señales que se han ido aglutinando a lo largo de los últimos meses en el mercado de renta variable a nivel global". Si atendemos al S&P 500, indica, lo que observamos es una "mera consolidación lateral", en otros índices, tanto en Estados Unidos como en otras geografias, hay mucho más deterioros. Es el caso del Dow Jones de Transporte, el sectorial bancario norteamericano, los emergentes e índices europeos (con tendencias bajistas desde principios de 2015).
A esto, "le unimos una subida del 220% en el S&P 500 desde 2009 hasta 2015, un deterioro estructural en las Bolsas mundiales, una situación macro de ralentización pese a los fuertes estímulos de los bancos centrales, unas valoraciones en renta variable excesivamente altas", por lo que "el conjunto de señales es netamente negativo, lo que podría decantar la balanza al escenario bajista".
En concreto, para este índice espera "una ruptura de los 1.950 puntos y una aceleración hacia el mínimo del año en torno a los 1.800, donde se librará la gran batallas entre los inversores". Personalmente, Gil cree que este soporte es la clave a medio/largo plazo para las acciones mundiales, y si se pierde "habrá que interpretarlo como el desencadenante" de fuertes caídas "con objetivos en 1.500-1.600".