En general, las perspectivas negativas para la deuda pública a cierre del primer semestre son las más altas desde 2011, abarcan tanto a regiones desarrolladas como en desarrollo, pero la presión se centra especialmente en estas últimas.
"Muchas de las cuales se enfrentan a continuos ajustes fiscales y del sector exportador ante la caída de los precios de las commodities, a pesar de su reciente recuperación", apunta la agencia de calificación crediticia.
Mientras, en las economías avanzadas, señala Fitch, el principal problema es la "ralentización en la consolidación fiscal". Y, en Europa, el Brexit añade un riesgo mayor.
Más optimista, Richard Turnill, director mundial de estrategia de inversión de BlackRock, recuerda que la deuda de los emergentes ofrece "rentabilidades sólidas", mientras que en los países desarrollados "ha llegado a caer a terreno negativo".
La renta fija de los primeros, afirma, "ha ofrecido durante un largo periodo de tiempo ingresos atractivos, pero sus fundamentales débiles la convertían en una apuesta algo arriesgada. Ahora vemos esta clase de activo preparada para beneficiarse de la constante búsqueda de retornos por parte de los inversores".