La revolución de Ana Botín

Estaba predestinada a suceder a Emilio Botín al frente del mayor banco europeo, pero el repentino fallecimiento del banquero hace un año, precipitó su ascenso a la cúpula del Santander. El mismo día en el que el banco anunció la defunción, el consejo de administración se reunió para designar a Ana Botín como presidenta. A los pocos días, dio la cara ante los accionistas en una junta extraordinaria para cerrar la adquisición total de la filial de Brasil. En ella se comprometió a continuar la estrategia exitosa de su padre.

Dio la sensación que nada iba a cambiar para Santander. Incluso, ratificó públicamente como consejero delegado a Javier Marín. Pero nada más lejos de la realidad. Ana Botín tenía un plan en su cabeza para la nueva etapa del banco.  Apenas transcurridos dos meses, tomó la primera decisión de enjundia. "Banco Santander comunica que su consejo de administración ha designado consejero delegado a José Antonio Álvarez en sustitución de Javier Marín", rezaba en un escueto comunicado a la CNMV, para certificar la destitución de su número dos, que era el ojo derecho de Emilio Botín y llevaba dos años en el puesto.

Botín ponía a su lado a un hombre de su confianza con una larga experiencia en el banco como director financiero durante diez años. Dentro del banco destacaban que se conoce los números del banco de  abajo a arriba y que era la cara visible de la entidad frente al mercado. Era encargado de explicar a los analistas e inversores las cifras del banco y transmitirles confianza. Su nombramiento vino acompañado de la designación Bruce Carnegie-Brown, como vicepresidente primero y lead independent director, procedente de Reino Unido, donde Ana Botín era consejera delegada antes de asumir la presidencia y se incorporaban Sol Daurella y Carlos Fernández, como consejeros independientes.

La decisión no era baladí. La banquera sorprendió, a principios de año, con un cambio de estrategia para Santander anunciando una macro ampliación de 7.500 millones y recortando dividendo. Botín quería despejar cualquier duda sobre la fortaleza del banco y apelaba al mercado como si fuera una moción de confianza. La operación fue un rotundo éxito y un espaldarazo para ejecutar su plan.

En doce meses, ha renovado a la cúpula directiva rodeándose de personas de su confianza. Ha cambiado a los principales dirigentes de sus principales unidades de negocio. Natahn Bostock fue nombrado consejero delegado en Reino Unidos y Scott Powell sustituyó a Román Blanco. El último relevo se produjo ayer con Sergio Rial tomando el puesto de Jesús Zabalza. El consejo también ha sido renovado. Rodrigo Echenique fue nombrado vicepresidente y consejero ejecutivo como responsable del área de cumplimiento y, más recientemente presidente de Santander España.Ha salido Juan Rodríguez Inciarte e  Ignacio Benjumea, sustituido por Jaime Pérez Renovales.

Pero los cambios también han llegado a la estructura ejecutiva. La mayoría de cargos nombrados por Emilio Botín han sido prejubilados o cesados y cubiertos por gente cercana a Ana Botín que comparten más su visión del banco.

La presidenta ha puesto en práctica ideas y estrategias que había desarrollado en Reino Unido. "Quiero hacer las cosas diferentes, sin cambiar el modelo del banco. Los cambios están en las formas, no en el fondo", explicó en la presentación de resultados anuales. La máxima dirigente ha optado por una estrategia más conservadora que su padre basando el futuro del banco en el crecimiento orgánico. En un momento, donde la rentabilidad del negocio bancario está en entredicho por los tipos de interés, apuesta por la vinculación con el cliente, en vez de crecer vía compras con operaciones sonadas, como hizo su padre.

Ana Botín ha atornillado la idea a todo el banco, que la entidad tiene que ser "sencillo, personal y justo", un lema que inunda cualquier acción corporativa del banco. Para ello, lanzó su gran apuesta comercial, la Cuenta 1 2 3, con el objetivo de convertir a la entidad en el principal banco de sus clientes en España. El producto tuvo un gran éxito en Reino Unido, que explica el rápido crecimiento de Santander en las Islas Británicas. El objetivo es expandir la estrategia al resto de mercados.

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