¿Qué balance podemos hacer de la evolución de la transformación digital durante el 2023?
El 2023 ha sido un año de consolidación y avance en la transformación digital. El significado de transformación digital debe asimilarse, compartirse y reflejarse en la ejecución de los proyectos. Debemos entender que digitalización no es lo mismo que transformación digital. Si bien la digitalización de procesos es un estadio previo para afrontar una transformación digital, esta última solo se llevará a cabo como fase final de un proceso de madurez en la se tiene que ver afectada la estrategia global y creo que estamos llegando, poco a poco, a esa etapa. Hemos pasado unos años de digitalización muy prolíficos, implementando herramientas o tecnologías específicas para digitalizar un elemento concreto de la institución, pero ahora ya hemos llegado a la fase de transformación digital que debe proponer un enfoque estratégico para conectar personas, procesos y tecnología con el fin de impulsar un cambio.
En esta nueva fase, hemos alcanzado una cierta madurez que nos permite comprender mejor lo que tenemos entre manos. La transformación digital estaría mal entendida si tan solo se percibe como un factor tecnológico. Hemos crecido digitalmente y creo que estamos en una fase donde tenemos que comenzar a hablar de cultura digital como la herramienta clave para la expansión de la transformación digital en nuestra sociedad. La transformación digital no trata solo de tecnología, sino de un replanteamiento holístico del uso de la tecnología para alcanzar la misión de la entidad y, por tanto, su impacto en la sociedad y en las personas.
Nos hemos transformado, ahora hay que hacer que estos cambios se asienten en nuestra sociedad y para eso debemos seguir trabajando en la creación de una verdadera cultura digital. Este año ha sido en el que se han podido asentar los cambios vividos desde la “explosión” digital de hace tres años – automatización de procesos, trabajo remoto o híbrido, mejor ciberseguridad…- siendo el más importante la revolución de la Inteligencia Artificial generativa. Con este panorama, se puede hablar de un balance positivo, lleno de posibilidades y que, si bien suponen un reto, van a permitir que las personas sean mejores en sus trabajos y vean en su día a día una mejora gracias a la digitalización.
Ahora es el momento de atender a los cambios que afectan y preocupan a los usuarios, un escenario donde los derechos de las personas están en cuestión y en el que las instituciones de todo tipo, junto a la administración del Estado, deben colaborar para salvaguardar los derechos y la libertad de los ciudadanos.
Estos cambios y estas regulaciones se deben hacer, como decía Chesterton, prestando atención a la forma, al cómo. La sociedad digital se debe construir basada en el humanismo, porque debe ser un complemento a lo real, a lo humano que es tan necesario en nuestros días.