La gestión del talento dentro de las organizaciones permite a las empresas mejorar el desempeño de su plantilla, optimizando la explotación del talento y, en última instancia, beneficiando al conjunto de la empresa. Para conocer más sobre este asunto, DIRIGENTES entrevista a Roberto Luna, profesor de la Universidad de Valencia y experto en RRHH y Gestión del Talento.
¿Cómo se han adaptado las técnicas aplicables de gestión y retención del talento a la vida laboral pospandemia?
La verdad es que la pandemia ha sido como una especie de experimento. Es verdad que la sufrimos todos, pero en el durante y el después, vimos que se había puesto a prueba el liderazgo. Ha habido una tensión del liderazgo muy importante, sobre todo concerniente al talento. Es verdad que con la pandemia, los líderes tuvieron que empezar a trabajar con sistemas remotos y muchos de ellos no estaban acostumbrados y, aparte, muchos de ellos tenían un tipo de liderazgo que no era soportable en sistemas de remoto. Por ejemplo, aquellos que trabajan con un sistema de supervisión bastante estricto, los modelos tradicionales de empresas más antiguas en cuanto a la supervisión, al acercamiento al empleado, la productividad… todas estas empresas se vieron retadas y forzadas a cambiar de sistema cuando su mentalidad no estaba preparada.
Cuando vino la pospandemia, aquellas empresas que tenían un liderazgo más de talento, más desarrollador, más de empoderamiento, que podía hacer crecer a los propios empleados, consiguió, en gran medida, que incluso en los tiempos de remoto, los equipos pudieran seguir trabajando y, además, lo hicieron a gran nivel. El problema vino con este tipo de líderes más tradicionales que se vieron forzados y, lo primero que hicieron en la pospandemia fue pedir la vuelta a los despachos porque su modelo de supervisión se basa en la cercanía y el control. Ese, para mí, es uno de los hándicaps de muchas organizaciones, que no utilizaron la época de la pandemia para crecer y desarrollar, incluso probar nuevos enfoques de liderazgo y han vuelto a los modelos tradicionales en cuanto han podido.
Es decir, nos hemos encontrado un panorama en el que las empresas que han trabajado desde el talento han podido evolucionar, crecer y desarrollarse hasta espacios donde ellas mismas ni se habían planteado. Es decir, se han permitido avanzar mucho más, mientras que las tradicionales han vuelto al anclaje anterior. Para mí, hay un distanciamiento cada vez mayor entre los enfoques tradicionales y enfoques de talento que se abren a nuevas perspectivas.
¿Cómo ha afectado la digitalización a esta área de las empresas?
Tampoco hay que pensar que la digitalización en sí es la clave en todo el sistema. Se trata de una herramienta que nos permite ser más veloces, más eficientes, nos permite una conexión mucho más rápida… Pero el verdadero reto no está tanto en la digitalización, sino en la mentalidad de talento. Para llegar ahí, uno de los primeros pasos es la digitalización, ya que no deja de ser una herramienta de grandísimo apoyo y que está permitiendo, sobre todo, quitarles enormes cargas burocráticas que permite emerger al verdadero talento e innovar en nuevos productos, servicios o ideas.