Aceptar lo que, legalmente está considerado delito, es lo que se ven obligados a hacer un alto porcentaje de pequeñas y medianas empresas españolas. Más de un 70% de las pymes asumen la demora de los pagos de sus clientes para así poder mantener a su público. Una diferencia más que notable entre el sector público y privado según se ha podido saber a través de un estudio publicado recientemente por una reconocida consultora de datos.
Una peligrosa cadena que puede acarrear sanciones y hasta el cese de la actividad en caso de que las deudas del negocio sean inasumibles. Sin embargo, paradójicamente, es un riesgo que las empresas de menor tamaño están dispuestas a asumir, primero por confianza al “fiel cliente”, segundo porque es una (arriesgada) manera de continuar con el negocio manteniendo a la clientela.
Impagos a pymes en años Covid
Es una realidad que desde el estallido de la pandemia se ha acentuado en el tejido empresarial español. El empeoramiento en los principales años de la Covid (2020 – 2021) de los impagos a las pymes fue significativo frente a los datos que se registran con respecto a empresas de un tamaño superior.
Teniendo en cuenta la más que difícil situación económica a la que se tuvo que hacer frente ante el parón social-laboral, los pequeños empresarios tuvieron que seguir asumiendo gastos fijos tales como el alquiler o las facturas propias, sumado a la moratoria en el pago de muchos de sus clientes. Una situación que se llegó a duplicar en estos años pandémicos.
Los plazos de pago se volvieron desiguales en aquellos meses en los que el temor, generalizado, se palpaba. Según el estudio citado, dependiendo de las diferentes olas Covid que se iban anunciando, difería el modelo de pago de los clientes a las pymes. Los datos mostrados afirman que, al comienzo de la pandemia, el retraso de los pagos fue mayor que, por el contrario, a principios de 2022, donde se estaba luchando por volver a la normalidad.