Greta Thunberg parece un poco sorprendida sobre la enorme atención mediática con la que se la recibe en Madrid. La activista siempre insiste que no busca esto, que solamente busca acción. La joven de 16 años ha leído y estudiado mucho más que una persona normal sobre el cambio climático, y sabe que por ejemplo en el Tíbet casi no hay hielo y nieve y que en Bangladesh y las Maldivas sufren la subida del mar y que la gente de ahí no tienen grandes lobbys, mientras a ella la persiguen todas las cameras. Thunberg también se ha convertido en la heroína de los pequeños y pobres países, dónde no solamente se extinguen animales, sino que están a punto de desparecer culturas enteras, por lo que también los indígenas han tenido su voz en esta COP25. Es comprensible el enfado de las decenas de miles de jóvenes del movimiento “Fridays for Future” presente en 39 países que han protestado este viernes en las calles de Madrid ante el hecho de según el último “Emission Gap Report 2019” de la UNO las emisiones sigan subiendo.
El impacto del cambio climático en la meseta tibetana por ejemplo es ya irreversible. La temperatura ha subido en los últimos 50 años tres veces por encima del promedio mundial a un 1,3 grados. Como ha dicho el secretario general de la ONU António Guterres en su primera rueda de prensa en la COP25: “Tenemos todas las herramientas para actuar”. Corea por ejemplo practica la captación de carbón del aire para luego reutilizarlo o almacenarlo en la tierra. Hay proyectos piloto también en Europa para crear querosín “artificial” a través de este proceso. El “Korea Research Institute on Climate Change” ha progresado mucho en esta tecnología de captación de C02 y demanda en la COP25 que se aplique ya en otros países que son grandes contaminantes como China, porque es la manera más eficaz para reducir rápido la concentración de C02 en el aire. No solamente los tibetanos, también Thunberg y sus miles de activistas adolescentes que en esta COP25 hablan en la mesa con los grandes burócratas de la UE, la ONU y el OECD y les preguntan: “¿Por qué entonces se hace tan poco?” Las Maldivas exigen casi a gritos desde 2009 que los países poderosos y culpables de este cambio climático sigan los protocolos acordados. Estas islas paradisíacas están a punto de desaparecer. Su solución por el momento ha sido crear islas artificiales para, por lo menos, poder salvar su población.
Tenemos todas las herramientas para actuar
En este contexto el economista americano Joseph Stiglitz ha iniciado en un artículo en “The Guardian” (It’s time to retire metrics like GDP. They don’t measure everything that matters) un debate sobre como medimos el crecimiento de una economía y que ya con el cambio climático en la nuca no nos sirven los métodos antiguos de medir riqueza, ya que el crecimiento económico en algunos países como China, Alemania, Francia o EEUU ya no es deseable si resulta para el planeta en más emisiones. Para él es más importante reflejar una mejor distribución de la riqueza, la calidad de la vida y una estabilidad democrática y sostenibilidad. El ejemplo de Bangladesh lo demuestra muy bien que ya no podemos medir como antes. Es un país muy pobre con un crecimiento del BIP de alrededor de un 7% anual. También gracias a que nosotros producimos ahí en condiciones nada sostenibles y lamentables gran parte de nuestra ropa que luego se vende en Alemania o España a precios de ganga.