El inicio de las revueltas de Kazajistán, en el segundo día de este 2022, coincidieron con el 13 aniversario de Bitcoin. La criptomoneda más longeva del mercado ha tenido que celebrar su cumpleaños en horas bajas. El día 3 de enero el precio de las Bitcoin se situaba en los 47.000 dólares y, a finales de esa misma semana, su valor se desplomaba por debajo de los 42.000. Cierto es que, por esos días, la Reserva Federal estadounidense anunció que endurecería su política monetaria con estos activos y sugirió incrementar los tipos de interés del Bitcoin. Sin embargo, todos los analistas apuntan a las convulsiones en Kazajistán para explicar esta caída en picado del precio del Bitcoin. Pero, ¿qué tiene que ver este casi desconocido país de Asia Central con la oscilación en el valor de la criptomoneda más solvente del mundo?
Hasta hace algo menos de un año China, fronterizo con Kazajistán, concentraba dentro de sus fronteras cerca del 75% de todo el minado de criptomonedas en el mundo. En menos de un año ese porcentaje, según datos del Bitcoin Electricity Consumption Index, un proyecto de la Universidad de Cambridge que recoge datos sobre la evolución del sector, ha pasado a ser del 0%. En ese lapso de tiempo, las autoridades chinas redoblaron sus esfuerzos en la persecución y penalización de este tipo de activos hasta su total erradicación del país. Hasta 2017, cuando el régimen empezó a poner coto a su uso, China concentraba hasta el 90% de las operaciones mundiales efectuadas con criptomonedas.
Juan Vázquez, doctorando en economía e investigador, ve dos motivos detrás de la prohibición de las criptomonedas en China. “Uno de los factores tiene que ver con la soberanía y con el control monetario y financiero”, explica, “China sabe que la tenencia de criptomonedas puede crear burbujas y tensiones que no le interesan nada”. Pero hay otro factor, “más cortoplacista”, relacionado con el consumo energético: “El minado de criptomonedas consume mucho, y en China había un montón de centros de minado. A medida que avanzaba el año había más problemas energéticos”.
Cuando China decidió cortarle el grifo a los mineros de criptomonedas, muchos de ellos decidieron mudarse al vecino Kazajistán para proseguir con su actividad. Minar criptomonedas requiere una gran cantidad de energía, pues se trata de un proceso que se realiza con enormes complejos de procesadores gráficos. Esto ha hecho que los mineros busquen la electricidad más barata posible, y Kazajistán, debido a sus grandes reservas de petróleo, tiene una de las facturas de electricidad más baratas del planeta. En septiembre de 2019, según los datos de la Universidad de Cambridge, el porcentaje de criptomonedas minadas en el país no alcanzaba el 1,5%, mientras un año después superaba el 18%.
El gobierno de Kazajistán recibió con los brazos abiertos a estos mineros. Invirtió en el minado de criptomonedas 300.000 millones de tenges, unos 598 millones de euros, que equivalen al 0,25% del PIB del país. Las subvenciones para la construcción de granjas de minado, así como una normativa muy favorable, hicieron que en el país llegase a haber cerca de 250.000 ordenadores minando criptomonedas de forma simultánea.