Sin duda, uno de los viajes más fascinantes que un economista español puede hacer es hacia tierras tan diferentes como el desierto. En este caso, estos días en los Emiratos Árabes Unidos (concretamente desde Al-Ain, una de las tres ciudades que forman el triángulo de los Emiratos junto con Abu Dabi y Dubái) me están permitiendo conocer de primera mano a uno de los países más importantes de todo el Golfo Pérsico.
Aterrizar en Dubái es hacerlo en una ciudad llena de grúas que levantan gigantescos rascacielos en medio del desierto, con unas vías de comunicación como ferrocarriles, suburbanos o carreteras extraordinariamente rápidas. Un primer vistazo a la ciudad nos ofrece una panorámica muy similar a otras ciudades financieras del mundo como Londres, Nueva York o Shanghái, con un estilo de vida prácticamente estandarizado tanto en horarios como en hábitos de vida y con un componente típicamente asiático: enormes distancias entre lugares que aparentemente están próximos.
Sin embargo, la apariencia de gran urbe financiera de Dubái al estilo occidental, esconde varios hechos claramente diferenciales: por un lado, la "juventud" de su existencia unida a un peculiar modelo de crecimiento y, por otro lado, la existencia de contrastes abismales tanto en el territorio como en su población.
En estos días, se celebran los 44 años de unión de siete Emiratos que dio lugar al actual país llamado "Emiratos Árabes Unidos" surgido del proceso de descolonización realizado por los británicos. Los festejos que se extenderán hasta final de año, exaltan la creación de un país prácticamente de la nada, el cual ha conseguido situar su renta per cápita entre una de las más altas del mundo.
Sin duda, el "milagro" de los Emiratos es la explotación desde finales de los años sesenta de las enormes bolsas de petróleo que posee en el subsuelo. Al igual que otros muchos países petroleros, Emiratos ha aprovechado décadas de alzas en los precios del crudo para consolidar una economía basada en los ingresos procedentes de las ventas de petróleo y un potente sector servicios también enormemente dependiente del "oro negro" combinado con la atracción de inversión extranjera.