El Banco de Inglaterra, el ministro de Economía británico, el presidente estadounidense o el gobierno municipal de la City londinense ya se han pronunciado en contra de una posible salida del Reino Unido de la Unión Europea. El gobernador del Banco de Inglaterra (BoE), Mark Carney, augura que el Brexit "provocará pérdida de empleos, aumento de los precios y una caída de la libra esterlina". En la misma línea se ha pronunciado el ministro de Economía británico, George Osborne y, por supuesto, David Cameron, defensor de la permanencia del Reino Unido en la UE a pesar de haber impulsado la consulta del próximo mes.
La incertidumbre que está generando la consulta está pasando factura a Reino Unido, en opinión el BoE, quien rebaja sus perspectivas de crecimiento para los próximos dos años al 2,3%. También el presidente estadounidense, Barack Obama, declaró que una posible salida de UE implicaría un retraso de hasta 10 años en un posible acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Reino Unido, mostrándose así a favor de la permanencia del país en la Unión.
El Brexit ha sido también tema de actualidad durante la reunión del G7 de esta semana en Japón. Los dirigentes de los siete países se han mostrado en contra de la salida del Reino Unido, pues supondría un riesgo para el crecimiento económico global bajo su punto de vista, aunque la canciller alemana, Angela Merkel, ha señalado que no ha sido un tema que se haya debatido en la cumbre pero que todos se muestran de acuerdo en su postura.
También el Instituto de Estudios Fiscales (IFS) y el Gobierno de la City de Londres se suman a la defensa de la permanencia de Reino Unido, alertando de que el referéndum extendería las medidas de austeridad otros dos años. "Una de las ventajas que más valoran las multinacionales y bancos de inversión que se establecen en Londres es que la ciudad ejerce de ‘pasaporte’ al continente", opinaba a este respecto Mark Boleat, presidente de estrategia política de la City de London Corporation, quien advierte que, de perder esa baza, muchas se reubicarán en otras capitales como Nueva York, Singapur, Hong Kong o Dublín.
Las empresas que apuestan por la permanencia