Casi la mitad de Iberoamérica es un enorme bosque. De hecho, la zona boscosa más importante del mundo es la selva amazónica, en contraste con la Península Ibérica, donde el 74% del suelo está en proceso de desertización. No obstante, las consecuencias de que el cambio climático siga avanzando van más allá de lo ecológico y afectan también al ámbito económico.
Países como Cuba, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Paraguay se encuentran entre los países con un mayor riesgo climático. Eso significa que los cambios en el medio ambiente provocados por el hombre tendrían una mayor repercusión en estos lugares.
Para paliar las consecuencias, el Informe del Observatorio de la Rábida sobre “Cambio Climático y Desarrollo Sostenible” aclara que se necesitarían inversiones de entre 20 y 30 mil millones de dólares anuales para “adaptarse a los efectos del cambio climático”. Lo contrario significaría un aumento de 2ºC de la temperatura media y costes de 100 mil millones de dólares al año.
El balance actual ya tiene la relevancia suficiente como para introducir medidas. Las pérdidas económicas en América Latina entre 1970 y 2008 por fenómenos atmosféricos inusuales se estiman en 81 mil millones de dólares. De esa cifra, más de la mitad se han producido por tormentas extremas.
Además, hay que tener en cuenta la dependencia de Iberoamérica de la agricultura. Ese sector aporta el 5% del PIB y representa el 23% de las exportaciones. En cuanto a la economía latinoamericana, hay que precisar que los bosques aportan 49 mil millones de dólares a la producción regional, alrededor del 1%.