La peor parte se la lleva Brasil, inmersa en una tormenta perfecta de recesión, corrupción e, irónicamente, a las puertas del evento deportivo por excelencia: los Juegos Olímpicos. Lejos queda el año 2010 cuando Brasil crecía a tasas del 7,5% y se convertía en la locomotora económica de la región. La economía brasileña cayó un 3,8% el año pasado y, según diversas proyecciones, la caída del PIB puede ser similar este año y registrar una contracción de cerca del 3,5 %.
Las últimas medidas anunciadas por el Gobierno, tras la destitución de Dilma Roussef, son bien vistas por el FMI sobretodo en lo que se refiere a la hoja de ruta para estabilizar su deuda.
Una deuda que vigilan de cerca las agencias de calificación, Fitch ha vuelto a rebajar un escalón la nota de la deuda brasileña, que ya había situado en ‘grado especulativo’, y la mantiene en perspectiva negativa. Los problemas de Brasil son varios…el desempleo y la inflación están entre ellos. Según el Banco Central la inflación este año alcanzará el 7%.
Las malas previsiones para la economía nacional se entremezclan con la crisis política que sufre el país y que, de acuerdo con la mayoría de especialistas, impide que Brasil encuentre un camino para salir de la recesión.
Por su parte México se ha visto obligado a recortar su previsión de crecimiento para este año a una horquilla de entre el 2,2% y el 3,2%, cuatro décimas por debajo de lo estimado en septiembre pasado. El ‘entorno adverso’ pasa factura a una economía que, en el primer trimestre, creció al 2,8%. Según los pronósticos más recientes del FMI, México tendrá que esperar hasta 2021 para registrar un avance del PIB superior al 3%.