El panorama empresarial actual está marcado por el fenómeno de las startups, que han aportado una corriente saludable de innovación y valor añadido con su ambición disruptiva, flexibilidad, velocidad, estructuras planas y foco en métricas y experiencia de cliente.
Compañías como Netflix, Uber o Amazon, que eran startups hace pocos años, son ahora referentes. Sin embargo, a pesar de su dinamismo, estas compañías se enfrentan a desafíos específicos y «tentaciones» que pueden minar la calidad del servicio o su éxito, como la presión por captar fondos rápido o la necesidad de crecer a toda costa para generar buenas métricas.
Un mayor foco en generar plusvalías y vender a corto o medio plazo, aunque legítimo, en ocasiones ha perjudicado la credibilidad del mundo emprendedor.
En contraste, existen empresas que han superado el siglo de vida, incluso varias centenarias en España, y abundan en Japón (conocidas como shinise), y que demuestran una notable capacidad de supervivencia. Estas compañías longevas poseen rasgos especialmente valiosos para las nuevas.
A pesar de que parecen mundos opuestos, y a menudo se pierden potenciales sinergias entre ambos, las empresas más longevas pueden enseñar mucho a las startups.


