Por norma general, el éxito en un club de fútbol se atribuye al equipo, mientras que el fracaso siempre tiene nombre propio en la persona del entrenador al que se despacha enseguida si los resultados no acompañan. Sin embargo, crear un equipo unido y comprometido es labor esencial del líder del conjunto.
El papel de Carlo Ancelotti en el Real Madrid es la clave de bóveda del éxito del club. Su carisma y liderazgo tranquilo –que no es igual a liderazgo débil- hace que el equipo funcione al unísono y que esté más unido que nunca.
Desde una perspectiva empresarial, el modelo de Ancelotti es similar al que propugna Jim Collins, experto en liderazgo y autor del libro Empresas que sobresalen, que defiende que en los líderes número cinco, como así se los conoce, la ambición y la humildad van unidos. En las empresas exitosas en las que el líder es ambicioso, y está muy centrado en los objetivos, siempre hay un componente de humildad, de entenderse bien con los miembros del equipo para obtener los mejores resultados. Este autor demostró en varios estudios que las empresas excelentes combinan esas dos características, ambición y humildad, como en el caso de exigencia con afecto de Ancelotti. Este liderazgo tranquilo no es exclusivo de Ancelotti. Hay muchos líderes que actúan bajo este modelo de liderazgo. Es entender que lo difícil es gestionar y dirigir el talento de los demás y que la mejor forma de sacar el mejor partido es moverse con buenas conversaciones con ellos y con un liderazgo sereno y tranquilo. Este modelo de liderazgo permite trabajar con diferentes generaciones al mismo tiempo, desde los baby boomers, pasando por los millenials hasta la generación zeta.
El liderazgo de Ancelotti es un liderazgo que se caracteriza por relacionarse de una forma amable, desde la perspectiva de los jugadores, y en base a unas buenas relaciones. En su carácter, Ancelotti destaca por combinar lo que llamo en mi libro Esencial (Roca Editorial) «el trío de ases ganadores», que son la empatía, la compasión y la amabilidad. Esos tres rasgos le sitúan en un modo de relación con los demás auténtico y generador de buen rollo.
El liderazgo tranquilo le da poder, autoridad. Ser tranquilo, una persona mesurada y no agitada, genera confianza; hace que se tomen decisiones menos emocionales y más racionales para hacer que las cosas sucedan en base a razones y no a emociones.