La idea surgió por una amiga que necesitaba mejorar su prótesis. Alberto Martínez, ingeniero formado en la Universidad Politécnica de Cartagena, estaba haciendo prácticas en una empresa de automatización y robótica cuando vio una oportunidad concreta: usar la ingeniería para resolver una necesidad real.
De ahí salió la primera semilla de Limbium, una startup nacida en 2023 y conectada desde el inicio con el entorno universitario.
El plan era tan sencillo de contar como complejo de ejecutar: diseñar prótesis de brazo más personalizadas, ligeras y adaptadas a cada persona. Limbium trabaja con prótesis biónicas, deportivas y de dedo, apoyadas en diseño 3D, fabricación aditiva e inteligencia artificial.
No busca fabricar un producto estándar, sino una solución ajustada al tipo de amputación, al uso previsto y a la vida de quien la lleva.
El salto llegó cuando aquel proyecto académico empezó a ganar forma empresarial. Limbium puso el foco en un terreno muy concreto: prótesis mecánicas deportivas capaces de acompañar ejercicios como flexiones, mancuernas, pesas o máquinas de gimnasio. Algunas soportan más de 100 kilogramos. El deporte se convirtió en una puerta de independencia.
La startup instaló su base en Murcia. Desde allí diseña, desarrolla y fabrica sus soluciones, en contacto con un ecosistema que mezcla universidad, emprendimiento y tecnología aplicada.
Expansión del producto
Ese arraigo local no le ha impedido mirar fuera: Limbium ya plantea como próximos objetivos escalar su modelo y avanzar hacia la expansión nacional e internacional.
La validación llegó en un escaparate de primer nivel. Hace unas semanas, Limbium ganó el Premio Nacional Impulsa Startup 2025 de la Cámara de España, celebrado en 4YFN, dentro del Mobile World Congress de Barcelona. La empresa compitió en una final con ocho startups seleccionadas entre más de 300 candidaturas.
En un sector marcado por costes altos, plazos largos y poca personalización, Limbium quiere mover la conversación hacia otro lugar: prótesis más accesibles, más rápidas de adaptar y más cercanas al usuario. Su impacto no se mide solo en piezas, sensores o materiales.
Se mide en una persona que vuelve a entrenar, en alguien que recupera autonomía o en una rutina que deja de estar limitada por una barrera técnica. La ambición de Limbium es que una prótesis no sea el final de una historia, sino el punto desde el que volver a moverse.